¿POR QUÉ VOTARÉ A FAVOR DEL TPP11?

Fui militante de la Concertación y de la Nueva Mayoría por casi tres décadas. Soy independiente sin
partido hace tres años, pero continúo militando en el espacio político de la centroizquierda y aspiro a
que recupere su capacidad de proponerle al país un camino de futuro.

Como muchos, evalúo la historia de nuestros gobiernos con la mirada autocrítica indispensable para
abordar el futuro. Pero no tengo dudas: la integración económica y política al mundo está en la lista
de nuestros principales haberes, no en el casillero de nuestras deudas.

24 de los 26 tratados suscritos por Chile fueron firmados por presidentes de Centroizquierda. En
buena hora somos responsables de haber multiplicado en 8 veces las exportaciones distintas al cobre,
de que el comercio exterior represente hoy más de la mitad del Producto Interno Bruto de Chile, que
nuestro país haya sido pionero en América Latina en establecer un tratado de libre comercio con la
Unión Europea y que hoy el 95% de nuestras exportaciones vaya a territorios con los que tenemos
acuerdos de libre comercio.

Buena parte de los argumentos contrarios a suscribir el TPP 11 son válidos para cualquier tratado de
libre comercio. Expresan el desacuerdo con la línea estratégica de integración económica de Chile al
mundo, con la manera en que un país de 17 millones de habitantes encara la globalización. “Chile
Mejor sin TLC”, nos dicen.

Si siguiéramos sus principales argumentos, habríamos tenido que rechazar el Acuerdo con la Unión
Europea, donde tuvimos que hacer muchísimas concesiones, porque era una negociación bilateral de
un país pequeño buscando acceso a un mercado inmenso. Este acuerdo fue votado favorablemente el
17 de diciembre de 2002 por 107 de los 111 diputados presentes. Por supuesto, toda la
centroizquierda.

Las concesiones que tuvo que hacer Chile para suscribir el TPP11 son muy inferiores a las que
debieron hacer los ocho países que lo suscribieron y ratificaron. Porque el promedio actual del arancel
efectivo a todas las importaciones a Chile es de apenas 0,8% de su valor, y con los requisitos que
debimos cumplir para ingresar a la OCDE no necesitamos hacer los ajustes que sí han debido realizar
otros países de este tratado.

Es cierto que el TPP11 es mucho más progresista que la mayoría de los TLC que suscribimos en el
pasado. También es cierto que miles de productos de distintas regiones de Chile se verán potenciados
por las rebajas arancelarias que les permitirán entrar a mercados en los que hoy día no están o tienen
escasa presencia.

Pero mi argumento principal no es el beneficio económico, que podría considerarse poco
significativo. Aunque mejora nuestra posición en un mercado de más de 500 millones de habitantes.
Mi aproximación es conceptual: soy de los que creen que los países ya no pueden refugiarse en su
autonomía para violar los derechos humanos. Ni seguir destruyendo la selva amazónica e ignorando
el Efecto Invernadero escudados en la defensa de intereses nacionales, ni fundar su crecimiento
económico en la explotación infantil por falta de legislación propia. En el siglo Veintiuno no se
camina al desarrollo por la senda del nacionalismo xenófobo ni del proteccionismo económico, menos
un país pequeño del fin del mundo como Chile.