Conocí a Florcita Motuda una noche frente al televisor blanco y negro de la casa de mi pareja en los años Setenta. En un aburrido festival, a menos de 4 años del Golpe, Florcita irrumpió vestido de naranja, irreverente, invitando a la paz en un país de guerra, a vivir la libertad cuando todo Chile parecía una cárcel, a marcar la diferencia cuando se intentaba imponernos una única manera de ser chilenos. Florcita se convirtió para mi generación en emblema de humanismo, tolerancia y respeto a la diversidad.

Contra la opinión predominante, aquí mismo saludé su ingreso a este Congreso como emblema del fin del Binominal y celebré la representación de toda la diversidad del país en esta Cámara. Quiero decirles que me equivoqué. No era Florcita Motuda el humanista libertario quien entró a este Congreso. Se había convertido en el diputado Alarcón, una persona completamente distinta a la que conocimos en la lucha contra la dictadura. El hombre de paz cedió su lugar a un sujeto agresivo y descalificador; el emblema de la diferencia clama su frustración porque no votamos todos como él; el promotor de la democracia mutó en el más radical de los autoritarios estalinistas. Como si, contrariando la naturaleza, la mariposa hubiera regresado a la oruga que le dio origen.

Cuando el recuerdo de “Pobrecito Mortal”, “Gente” y el “Vals del No” me hacen mirar hacia atrás para buscar al artista libertario, sólo encuentro al comisario político, al que la instrucción de partido en ocasiones lo lleva incluso a votar contra su propio discurso, al que reemplazó la valoración de la diferencia por la disposición a dividirnos entre buenos y malos.

Para el diputado Alarcón nuestros votos son buenos si coinciden con el suyo, aunque en muchas ocasiones no sepa siquiera qué es lo que se está votando. Y si nuestra reflexión nos lleva en ocasiones a votar distinto, pasamos a ser traidores. El mundo multicolor que promovía Florcita Motuda pasó a ser una rígida escenografía en blanco y negro, con buenos y malos, leales y traidores. Como en los peores tiempos de la Guerra Fría. Como en las dictaduras actuales de izquierda y de derecha.

El colega Alarcón tiene una confusión epistemológica del rol parlamentario. Ninguno de nosotros fue elegido para rechazar o aprobar los proyectos del gobierno. Estamos aquí para participar en la elaboración de las leyes, para formarnos una convicción respecto de si es bueno para Chile y nuestros electores lo que se va a votar y estamos obligados a saber lo que votamos, a defender aquí nuestra convicción, no simplemente a seguir una instrucción. Yo me obligo a poder explicar en la feria a la mañana siguiente a quien me pregunte por qué voté lo que voté. Sinceramente, me cuesta imaginar cómo lo hace el diputado Alarcón.

Presidenta, valoro el aporte de Gabriel Boric, Giorgio Jackson, Vlado Mirosevic, Natalia Castillo, Catalina Pérez, Pablo Vidal, Renato Garín, Alejandro Bernales y muchos otros. Le tengo un cariño sin medida a Pamela Jiles y aprecio el esfuerzo del Frente Amplio por construir un nuevo proyecto político de izquierda que encare los desafíos del futuro.

Pero desde aquí les digo, con el cariño que les tengo: tienen que decidirse entre la libertad y el autoritarismo; entre la democracia de las ideas y la dictadura de las conciencias; entre la valoración de la diferencia y la imposición de lo políticamente correcto; entre la promoción del diálogo verdadero y la disposición a clausurar el debate y la reflexión con órdenes de partido y la descalificación del que piensa distinto; entre las soluciones fáciles a problemas complejos y la complejidad de construir soluciones verdaderas a los problemas.

Tienen que optar, finalmente, entre el silencio cómplice o la condena franca y transparente de toda actitud autoritaria y antidemocrática como las que ayer y en ocasiones previas ha tenido el diputado Alarcón.

Quiero decirles que los acuerdos sólo pueden construirse desde el respeto a la diferencia. Desde el reconocimiento de que el otro vota como vota porque su reflexión y sus convicciones lo llevan a esa decisión. Que el voto del Frente Amplio no es el voto bueno y el que no vota como ustedes no es el voto malo.

Sin ese aprendizaje jamás podrán aspirar a gobernar la democracia.

Diputado, Pepe Auth